Caminar para renacer
Si buscas transformación y cambio, si quieres crear algo nuevo o merecerte una segunda oportunidad, entonces camina.
A Piedi Per Il Mondo

En este artículo
Quien ha recorrido el Camino de Santiago sin duda habrá sido testigo: las personas, en ese tramo de camino transitado desde hace siglos, cambian. Sea cual sea la motivación con la que se emprende el viaje, en cada caminante existe siempre un deseo de transformación que pide ser realizado y que encontrará modo de expresarse. Aunque no todos adquieren inmediatamente conciencia de ello, nadie regresa de una experiencia así sin sentirse un poco diferente y en eso radica la magia: el camino regenera, da vida a algo nuevo.
Caminar de forma constante, en efecto, nos obliga a ralentizar y a ver lo que nos rodea con ojos distintos, nos permite reflexionar, meditar y dialogar con nosotros mismos en un contexto alejado del frenético y estresante ritmo de la cotidianidad y, por tanto, de modificar perspectiva y punto de vista. Todo esto no puede sino traer evoluciones positivas en nuestra vida y en nuestro modo de aproximarnos a ella.
A veces no es un proceso que se desencadena fácilmente, puede llevar tiempo sentir sus beneficios mentales, pero no cabe duda sobre el poder revitalizante que puede tener ponerse en camino (hacia Santiago u otros destinos), especialmente en fases particulares de la vida en que "seguir adelante con las propias piernas" no es solo un lema metafórico, sino una herramienta concreta para superar momentos de dificultad y comenzar una nueva existencia.
Peregrinos que renacen
No es casualidad que, entre las muchas historias que he escuchado personalmente o he leído en estos años, destaquen sin duda las de personas que cargan con un pasado de sufrimiento y esfuerzo y que han encontrado en la experiencia de caminar una oportunidad de redención.
Mujeres y hombres viajando para recuperar algo de serenidad tras un duelo grave o una pérdida; jóvenes con discapacidad, confinados en una situación difícil, que han visto en el camino una oportunidad para ponerse a prueba y un reto para testear su autonomía y resistencia física. Seres humanos que han atravesado un largo período de desánimo hecho de luchas y obstáculos que superar en busca de paz y un poco de respiro.
Personas que han elegido caminar para modificar hábitos que ya no servían o que habían causado rupturas en sus relaciones con otros, quizás con la familia, u otras que necesitaban tomarse tiempo para sí mismas, lejos de todo y todos. Y aún más, viajeros que deseaban volverse a jugar, salir del aislamiento y darse la posibilidad de relacionarse con desconocidos, conocer el mundo, o que, por el contrario, sentían la necesidad de estar en soledad y desintoxicarse de amistades superficiales.
Y luego están quienes partieron sin motivo particular, movidos por un sentido de insatisfacción y apatía, y encontraron en ayudar a otros, en aprender a escuchar, en no juzgar, en detenerse y esperar un nuevo significado.
Renacer a cada paso
"Las personas llegan a los lugares en el momento preciso en que son esperadas"
A diferencia del parto real, en nuestro viaje espiritual no podemos saber cuándo ocurrirá el momento del renacimiento, podría ser en la etapa final o en un lugar anónimo no señalado, podría también que todo comience de nuevo solo una vez de regreso a casa o que sea necesario continuar el camino hacia nuevos destinos, pero seguramente llegará un día en que el alma se sienta libre de brillar.
Desde ese instante en cada paso comenzaremos a sentir el peso del pasado disminuir, poco a poco abandonaremos las máscaras que nos hemos construido, por miedo o vanidad, nos daremos cuenta de los comportamientos que en realidad no nos pertenecen, de las creencias que no son fruto de nuestra conciencia, de los esquemas con los que hemos ordenado nuestras prioridades.
Esa sensación de opresión e incomodidad se aliviará, los ataques de pánico serán menos frecuentes, nuestra verdadera esencia volverá a hacerse sentir, tras meses o años de oscuridad. Recuperaremos el contacto con la naturaleza de las cosas, que es fluida y mutable, y volveremos a dar valor a la lentitud y al cambio porque es solo así que podemos crecer y mejorar, dar a luz una nueva vida.
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