Volver sobre tus pasos: Reflexión después del camino
Al terminar un viaje a pie, es fácil sentir desorientación o una paz inesperada. Sea cual sea la emoción que te invada, volver sobre tus pasos te ayudará a comprender mejor lo que has vivido y aprendido.
A Piedi Per Il Mondo

En este artículo
En esta sección "Consejos sobre caminar" hemos profundizado en numerosas ocasiones sobre las motivaciones que han impulsado siempre al Ser Humano a ponerse en camino: la búsqueda, el descubrimiento, el crecimiento, la exploración y todo aquello que represente el deseo de vivir algo nuevo y diferente.
Hemos relatado los itinerarios, los límites y los diversos significados ocultos entre lo que puede parecer, a un ojo inexperto, experiencias siempre iguales a sí mismas. Hemos descrito los efectos beneficiosos que aportan al cuerpo, la mente y el espíritu, a nuestra forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.
Hemos recordado la fatiga, el sudor, el dolor que pueden emerger y acompañar al caminante en su trayecto hacia el destino elegido y la sensación de libertad y ligereza de quien, en cambio, vaga sin rumbo.
Hemos entendido que, sea cual sea la razón que nos mueve a dar el primer paso, caminar significa encontrarse con el mundo sin reservas y ponerse al descubierto: es un hecho inevitable, estimulado precisamente por el andar a pie, lentamente.
Existe, sin embargo, otro aspecto que aún no hemos abordado: el regreso. ¿Qué sucede cuando nuestro viaje termina, cuando regresamos a casa? ¿Qué implica volver sobre nuestros pasos?
El regreso a casa
Cuando se regresa a casa normalmente se manifiestan emociones contradictorias que nacen de la conciencia de haber vivido una gran experiencia y del cansancio que tal empresa ha comportado, del desconcierto inicial y, simultáneamente, del sentido de familiaridad: una mezcla de satisfacción y tristeza, de alegría y melancolía, pero también de esperanza y desilusión, de espera y arrepentimiento.
El contacto con la "realidad", con aquella que, en un primer momento, después de días y días de caminata, parece algo muy lejano a nosotros puede ser vivida con alivio, por estar de nuevo en un lugar querido y conocido, u con una extraña inquietud, la misma que nos había impulsado a partir y que, en el andar, se había disuelto. No solo esto, obviamente, muchos otros matices entre estos dos polos pueden presentarse, pero lo que seguramente une a todos es la sensación de no ser ya las mismas personas de antes.
Cada caminata trae consigo un cambio y es precisamente a partir de los aprendizajes adquiridos que muchos deciden retomar la cotidianidad dándole nueva vitalidad, afrontando la vida de manera diferente, lanzándose en proyectos que estaban pendientes desde hace tiempo, invirtiendo en aquellos ya en curso con más entusiasmo y energía o, incluso, cuestionándolo todo de nuevo.
Volver a donde ya se ha estado
El Hombre que ama el viaje nunca deja de caminar porque sabe que cualquier paso, en cualquier lugar, es siempre y en todo caso un viaje. Incluso una vez regresados, podemos proseguir con la misma fuerza y la misma confianza que nos guiaron cuando estábamos fuera, podemos llevar el camino a casa.
No solo esto, a menudo nos vemos inducidos a pensar que es importante dejar huellas de nosotros en el mundo para afirmar que existimos, que se deba continuar buscando nuevas tierras donde ser reconocidos, pero a veces también es bonito caminar sin dejar signos de nuestro paso para poder luego volver al mismo itinerario en otro momento y ver lo que no habíamos visto o verlo de nuevo desde otra perspectiva, sin repetir lo que ya hemos hecho.
A veces es necesario volver sobre nuestros pasos para comprender mejor, para observar de manera diferente, para ver las cosas bajo otra luz: percatarse de que el paisaje en primavera no es el mismo que en invierno y el día no es igual a la noche, observar el fruto que ha madurado o la piedra que ha rodado a otro lugar.
A veces volver es darse otra oportunidad.
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