Algunos sostienen que para vivir realmente la vida hay que caminarla y observarla con curiosidad, y yo estoy de acuerdo. Hay que pasar por bosques frondosos e infinitas praderas, escalar montañas y nadar contra corriente, sumergirse en la noche oscura y quemarse al mediodía y, mientras se continúa o se detiene, prestar atención a lo que sucede dentro de nosotros.
¿Cuántas ramas hay que deshacer en mi vida? ¿cuántas posibilidades tengo frente a mí que no sé cómo aprovechar? ¿Cuánto esfuerzo debo hacer para obtener lo que quiero? ¿Con cuántos condicionamientos debo luchar para sentirme libre? ¿Cuánta oscuridad debo mirar para enfrentar mi desesperación? ¿Y cuánto puede quemar acercarse demasiado al fuego?
Profundizar y saber reconocer nuestro lado oscuro, nuestros problemas, la frustración, las carencias nos permite tomar conciencia de lo que se mueve dentro de nosotros y nos molesta o influye; desde aquí, desde el sufrimiento que surge durante esta experiencia, comienza el cambio que puede llevarnos a una nueva vida, a descubrir quiénes somos y aceptarnos.
Entonces, ¡el Camino es transformación! Desde siempre los seres humanos encuentran en el caminar una forma de dedicarse a la introspección; gracias a la lentitud del viaje a pie, cada paso puede ser una valiosa ocasión de conocimiento en este camino de búsqueda interior.
El camino puede ser largo y difícil, pero para ser felices es necesario recorrerlo completamente, superando obstáculos e imprevistos. Vivir la experiencia del camino como una oportunidad para encontrarse a uno mismo significa utilizar más herramientas. Además de la naturaleza, que actúa como fondo y guía, la vista, el olfato, el oído, el tacto y el cuerpo entero pueden volver a ser esos receptores fundamentales de sensaciones que nos permiten, precisamente, sentir lo que nos rodea y, en consecuencia, nuestras reacciones para poder luego gobernar la mente y, junto con esto, elevar el espíritu.
Gracias a los continuos estímulos que solo el viaje permite tener, es posible mejorar, crecer, cambiar perspectiva a favor de la transformación natural que nos pertenece.