Reseña: 'Un adivino me lo dijo' de Tiziano Terzani
Un clásico imprescindible de la literatura de viajes, 'Un adivino me lo dijo' de Tiziano Terzani narra un año épico recorriendo Asia en busca de ritmos perdidos, lejos de la prisa vertiginosa de la civilización moderna.
A Piedi Per Il Mondo

Reseña "Un adivino me lo dijo"
Clásico fundamental de la literatura de viajes, "Un adivino me lo dijo" de Tiziano Terzani cuenta un año épico vivido en Asia, en busca de ritmos olvidados, lejos del ritmo frenético de la civilización moderna
"Fue una decisión espléndida y el año 1993 resultó ser uno de los más extraordinarios que he vivido: debería haber muerto y renací."
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"-Viajar tiene sentido solo si vuelves con alguna respuesta en la maleta-, atacó Leopold. –¿Tú que viajas tanto la has encontrado?"
Terzani se armó de valor y decidió utilizar ese período para contar a través de las columnas del periódico alemán Der Spiegel, para el cual era corresponsal en Asia, la historia de los chinos en el extranjero, los emigrantes del Gran Imperio dispersos por los rincones del sudeste asiático: esta era precisamente la "excusa" oficial para justificar su decisión de seguir la profecía.
Se intuye bien que el escritor buscaba un nuevo desafío, una forma diferente de ver el mundo, de observar países y personas tomándose todo el tiempo que considerara necesario.
Terzani también se prometió que dondequiera que llegara ese año, buscaría al adivino local más conocido, al santero del lugar, al mago más respetado… solo para echar un vistazo a su propio destino.
Así fue como comenzó un año épico, redescubriendo su amada Asia. Una elección dictada sobre todo por la voluntad de recuperar su propia vida, sus propios ritmos, sin tener que ceder al movimiento inútil e impetuoso de la civilización moderna.
Redescubrir las fronteras, cruzar límites, las fatigosas distancias por recorrer: los viajes lentos regalan armonía y consciencia porque permiten recuperar un pedazo de libertad que hemos perdido entre tiendas duty-free, avisos de check-in o alegres canciones de aterrizaje.
Desde Laos a Vietnam, desde las primeras elecciones democráticas en Camboya a la apertura de la primera línea de comunicación terrestre entre Tailandia y China a través de Birmania, pasando por un legendario Bangkok – Florencia en el Transiberiano hasta el viaje que lo devolvió de Europa a Oriente, desde el Mar Mediterráneo por el Océano Índico y el Estrecho de Malaca hasta Singapur en un desvencijado barco portacontenedores.
"Lo que no podía quitarme de encima era el inquietante recuerdo de esa enorme masa de humanidad desesperada, desorientada, ávida y furiosa que, desde Vietnam a China, desde Mongolia a Rusia, había dejado atrás. Si hubiera viajado en avión, nunca la habría visto."
A pesar de la promesa de no volar, Terzani no dejó de ser periodista, logrando estar siempre donde era necesario.
Una idea que lo divirtió y que le permitió redescubrir la necesidad instintiva de ponerse a prueba, de no rehuir las dificultades, tal vez de apostar por sí mismo para merecer entonces la llegada con mayor alegría.
La vida es extraña, es una suerte de ilusión, de metáfora continua, un estado permanente de inestabilidad, y si quizás eres alguien que comienza a hacerse preguntas, que se plantea dudas, asuntos, incluso los más simples, entonces algo cambia, no eres el mismo porque descubres sombras y luces nuevas, diferentes.
Luego tal vez busques también algunas respuestas a esas simples preguntas, pero no las encuentras, y ahí es cuando llega primero la inquietud hacia el mundo y lo que nos rodea; si no eres lo suficientemente fuerte, si no te sientes lo suficientemente fuerte, puede pasar que busques esas respuestas en los caminos más incómodos y difíciles.
Viajar en cambio es la mejor solución, para conocer, aprender sin prejuicios pero sin olvidar quiénes somos y por qué estamos buscando esas respuestas. Y esta fue la opción de Terzani.
Volviendo a la segunda promesa, es decir la de encontrar al mago más famoso de cada lugar, cada vez que se encontraba frente a un monje, un santero o un iluminado, tendía a reconocerse en las palabras pronunciadas, pero se daba cuenta de que era casi natural hacer coincidir la realidad contada con la verdad real, era como hacerle una rima al adivino.
Un aspecto que en el transcurso de las páginas del libro madurará y evolucionará en Terzani, llevándolo de todas formas a conocer algo más, a dar otros pasos en su recorrido personal.
"Pasé la tarde insertando notas en mi computadora, leyendo las cartas de amor nunca enviadas de un gobernador inglés de aquí, y escuchando el mar y los cuervos. Era feliz. Estaba solo y encontraba la soledad una magnífica compañera."
Un recorrido libre de la rutina cotidiana, con el único propósito de servir a la propia conciencia, con la mente libre de pensamientos agotadores y en libertad de disfrutar de las alegrías del mundo y de la naturaleza. Un tema muy recurrente en el libro.
Quizás el mecanismo de la felicidad, hablo de la felicidad de las cosas simples, se interrumpió cuando la mayoría de las personas se alejaron de la naturaleza. ¿Cómo se puede crecer y vivir feliz sin tener cerca el ritmo de vida de los animales y las plantas?
¿Ser feliz sin poder escuchar el sonido del agua de un río o arroyo? ¿Sin un enorme prado florecido donde disfrutar del amanecer y el atardecer? ¿Sin la posibilidad de observar la naturaleza y aprender de ella, a qué se reduciría la vida de una persona?
Encuentro inquietante esta serie de preguntas porque creo que muchos, demasiados, han olvidado estos valores y ni siquiera tratan de recuperarlos.
Este libro es una fuente de inspiración porque enseña muchísimas cosas: dejar que el tiempo transcurra sin ansia, vagar y hurgar entre los pensamientos, recuperar el gusto por viajar, dejándose llevar por los lugares y la gente, viviéndolos plenamente.
Convierte esta inspiración en un viaje real.
Cuéntanos el camino de tus sueños: construimos el itinerario juntos.


