Montaña y Progreso
Una reflexión profunda sobre el futuro del turismo en la montaña. La perspectiva de un montañero que en la Vía Alpina explora el dilema entre desarrollo y preservación.
A Piedi Per Il Mondo

Han pasado ya casi dos meses desde que partí para llevar a cabo la empresa de atravesar todo el arco alpino a pie siguiendo la llamada Via Alpina. Hoy, martes 12 de julio de 2016, he completado más de un tercio del recorrido que me había planificado.
Estoy sentado en una mesa y observo a través de un gran ventanal las nubes que se persiguen y se amontonan sobre las montañas que se alzan alrededor del refugio. Llueve y hay un viento fuerte, en momentos la niebla es tan densa que solo veo gris y bruma. El refugio donde me encuentro se llama Rif. Ponte di Giacchio y está situado en el valle de Fundres en la frontera entre Trentino y Austria.
Es un refugio de lujo, completamente nuevo, reconstruido en 2015 para celebrar sus 100 años de servicio en las montañas. Los interiores son completamente de madera clara pulida y los huéspedes pueden disfrutar de todo tipo de comodidades.
En el valle de Fundres me alojo en un refugio de lujo. 2500 m de altitud, la montaña tras los cristales, y sin embargo me parece estar en un hotel de ciudad, con todo tipo de comodidades a disposición. ¿Dónde me encuentro realmente? Nada de libros para leer junto al fuego, o juegos de cartas y canciones. Ninguna acogida cálida con sonrisa.
Me miro alrededor, dentro y fuera del local. Estando sentado aquí, a pesar de encontrarme a más de 2500 metros sobre el nivel del mar, no me siento en montaña. Si echo un vistazo afuera puedo distinguir senderos, rocas, cimas y valles, pero de nuevo me parece estar sentado en un hotel de ciudad. Enormes cristaleras se abren a un panorama que habitualmente me genera alegría y pasión, ahora sinceramente no despierta en mí ningún sentimiento, solo apatía.
Dentro de la amplísima sala hay otras personas; algunas se deleitan el paladar con un plato de pasta ultra refinado, otras fijan la vista en sus móviles, los dueños esperan para cobrar el dinero de las consumiciones. ¿Dónde han ido a parar los libros de montaña para hojear junto a un fuego? ¿Dónde están las alegres compañías que suelen disfrutar con juegos de cartas y canciones? Pero sobre todo, ¿dónde ha desaparecido ese sentimiento agradable, amistoso y cálido que debería proporcionar un refugio de montaña? ¿Dónde me encuentro realmente?
Estos hoteles de 5 estrellas no son refugios sino establecimientos industriales. El dinero es su único propósito.
Este no es un acogedor refugio, sino un establecimiento industrial cuyo único propósito es ganar dinero, exprimiendo al máximo la materia prima, que, desgraciadamente, en este caso somos nosotros los caminantes y aficionados a la montaña. No fui recibido con una cálida bienvenida y una sonrisa, sino con un frío menú donde figuran los precios y las consumiciones.
He pernoctado en muchos de estos refugios durante mi caminata a través de Eslovenia, Italia y Austria, y las sensaciones que he tenido fueron siempre las mismas. Me pareció estar en un hotel de 5 estrellas con todo tipo de comodidades. Ir a la montaña siempre ha representado una forma de conocer y medir mi capacidad de adaptación, mi apertura mental y fortaleza física, y siempre me ha despertado ese sentido de libertad y pertenencia a la naturaleza que pocos otros lugares logran darme. Me mido a mí mismo contra las fuerzas de la naturaleza y no busco comodidades, sino que por el contrario me sumerjo en un mundo salvaje y en algunos tramos inhóspito.
Ir a la montaña es adaptación, apertura mental, fortaleza física; es libertad y pertenencia a la naturaleza. No se busca comodidad sino acogida cálida. Valores que aún se encuentran en los refugios de gestión familiar, gestionados por gente que ama la montaña en todos sus aspectos.
No estoy en contra del progreso y, si queremos, de la modernización, pero creo que junto a estas dos cosas deben continuar existiendo y siendo respetados esos valores y principios que siempre han caracterizado la montaña. Valores que encontramos aún en esos refugios de gestión familiar, refugios gestionados durante decenas y decenas de años por las mismas personas, gente que ama la montaña y todos los aspectos que de ella derivan, personas que no se han dejado seducir por el poder del dinero, sino que han fundamentado su integridad en el trabajo duro y pura pasión hacia los lugares que protegen y custodian.
Afortunadamente aún quedan bastantes refugios así, y son los menos frecuentados por turistas, porque no poseen esas comodidades que cada vez más personas van buscando. En estos refugios, sin embargo, todo caminante es bien acogido con una sonrisa, con amor y pasión. Se cuentan historias e historias se escuchan. Son lugares donde uno se siente como en casa, donde la libertad y pureza de la montaña impregna el alma de quien se detiene por la noche a reír y bromear con otros "amantes" ante un vaso de buen vino ofrecido por la casa.
Estoy convencido de que el entorno montañoso debe ser respetado y valorizado manteniendo esos principios que caracterizan el espíritu de las montañas y la naturaleza que las acoge.
Messner y Corona denuncian el excesivo aglomeramiento de las montañas
Este hecho va de la mano de la discusión que últimamente está emergiendo entre los puristas y aficionados a la montaña: el problema de los Pasos, dolomíticos en particular, fácilmente accesibles y siempre asaltados por una enorme cantidad de turistas, especialmente en verano.
Mauro Corona y Reinhold Messner han hablado abiertamente de este problema; es decir, del excesivo ruido causado por miles de automóviles y motos que abarrotan las carreteras de montaña durante los meses cálidos, proponiendo soluciones y alternativas válidas, que van desde el cierre y por lo tanto la apertura con horarios limitados para vehículos motorizados, al pago de un peaje para reducir su cantidad o al cierre total durante algunos días de la semana.
Estoy completamente de acuerdo con cerrar los Pasos a los vehículos motorizados privados en horarios alternos o incluso por días completos.
Durante la Via Alpina realicé muchas rutas alternativas de mi elección, una de las cuales fue la Alta Via Número 1. Caminé solo algunos días a lo largo de esta famosa ruta, concretamente desde el lago de Braies hasta el Refugio Lagazuoi, justo arriba de Cortina d'Ampezzo. 3 días caminando por lo que podría definir como una "autopista" de montaña, miles de personas que gracias al fácil acceso a los refugios mediante los diversos telecabinas y teleféricos abarrotan los senderos y los valles por doquier.
El ruido de motos y autos se mezcla con el vocerío irrespetuoso de turistas que no comprenden el valor más profundo de la montaña. Una larga y seria reflexión debe encontrar respuestas rápidas a esta situación, para que prevalezcan el silencio y el respeto por la montaña.
El silencio que usualmente domina los Pasos es constantemente perturbado y arruinado por el continuo ir y venir de motos y automóviles que a centenares llegan a los aparcamientos y a veces incluso hasta los refugios. Chicos con equipo de montaña, mientras otros en camisa con chicas en tacones de aguja al lado. Y lo que me causó más disgusto fue la cantidad de basura que recogí y bajé a valle durante estos 3 días.
Últimamente también se habla mucho del cierre del famoso Teleférico de Staunies, también en Cortina d'Ampezzo, que lleva directamente al Refugio Lorenzi desde el cual salen numerosas y famosas vías ferratas entre las que destaca la Via Dibona.
Muchos, en las diversas redes sociales han expresado su desesperación por la repentina imposibilidad de intentar estas vías ferratas, pero el hecho es que las vías ferratas así como el refugio siempre y en cualquier caso son accesibles con un par de horas de caminata y sudor.
Se lee en los periódicos estos días: "Cierra el Refugio Lorenzi por el cierre del Teleférico", pero entonces me pregunto, ¿estamos seguros de que esto sea un refugio o estamos hablando, como antes, de un "establecimiento industrial" cuyo único propósito es hacer dinero?
Alguien después de las declaraciones de Mauro Corona y Reinhold Messner ha querido expresar su disgusto afirmando que cerrar los Pasos sería como cometer un acto egoísta y de algún modo racista; probablemente a estas personas no les gusta ni sudar ni caminar. Para concluir.
¿Realmente la alta montaña necesita este progreso y modernización radical que prevé la adición de comodidades de todo tipo? ¿Es realmente posible describir como "racista" y egoísta la voluntad de preservar sus valores y principios? Hagámonos todos algunas preguntas; ¿por qué sentimos el deseo de subir a la alta montaña? ¿Hay realmente necesidad de todas estas comodidades?
Si la respuesta es Sí, me resultaría espontáneo responder: "¡vayan al mar!"
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