Caminode San Salvador - Etapa 4 - Guía de Senderismo
Cuarto día en el Camino de San Salvador recorriendo 24 km de llanura junto al río Lena. De Benduñeos a Mieres, la cuna de la sidra asturiana, donde tradición y naturaleza se encuentran.
A Piedi Per Il Mondo

Partimos de Benduñeos por una carretera asfaltada completamente en descenso (1,5km) y al llegar a Herías tomamos un verde sendero que nos lleva a Campumanes. Pequeño pueblo con algún bar, nada especialmente destacable.
Un camino peatonal bordea durante un corto tramo el río Lena, hasta alcanzar, tras una pequeña y empinada subida, la iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena, que data del siglo IX y es uno de los ejemplos arquitectónicos más prestigiosos del Camino de San Salvador.
Hermosa y llena de encanto, con sus fachadas de piedra y un estilo íntimo y elegante, tenía sus puertas abiertas para quien deseara entrar. Abierta solo algunas horas a la semana, con entrada de pago, desafortunadamente no facilita las cosas al peregrino que llega allí en horarios y días aleatorios.
Desde la iglesia un sendero herboso nos conduce a un camino peatonal que, a medida que avanzamos kilómetros, descubrimos que es muy frecuentado por los habitantes del lugar, quienes lo utilizan para pasear, correr y sacar a pasear a sus perros. Así llegamos a Pola de Lena, donde, por recomendación de un peregrino que ya lo había recorrido, tomamos el autobús hasta Ojo.
Los 7km que los separan transcurren efectivamente por el borde de una carretera muy transitada y estrecha, resultando peligrosa para quien la recorra a pie. Una vez bajados en Ojo se ve enseguida la flecha amarilla en dirección a Mieres, a solo 6,5km de distancia, recorribles completamente en llano junto a una carretera a orilla del río. Mieres es realmente una ciudad muy bonita.
Mieres
Grande, con todos los servicios, Mieres es considerada la cuna de la sidra, una bebida típica asturiana a base de zumo de manzana y baja graduación alcohólica. Desafortunadamente el albergue municipal se encuentra a 1,5km de la ciudad, en la localidad de La Peña, así que aprovechamos para comer algo y lavar en una lavandería de monedas toda nuestra ropa.
Llevan prácticamente cuatro días, es decir desde el día de la partida, sin poder secar y lavar adecuadamente nuestra ropa, que por el barro, la humedad y el sudor continúa oliendo mal.
Llegamos a primera hora de la tarde al albergue. Un cartel en la puerta advierte que el hospitalero, o mejor dicho la persona encargada de abrir y cobrar por la noche, no llega antes de las cinco.
Por suerte nuestro amigo Gregorio encontró a su llegada a una señora del lugar que, teniendo las llaves, amablemente se las prestó. Así conseguimos entrar y acomodarnos. Dispone de dos grandes baños con duchas, separados para hombres y mujeres, cuenta con un dormitorio con literas y una pequeña cocina, lamentablemente poco equipada.
Un bar justo enfrente funciona también como tienda, donde encontramos lo necesario para preparar la cena. Una charla breve y a dormir. Al día siguiente llegamos a Oviedo y no vemos la hora.
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