Caminar Ligero: El Arte de Empacar Tu Mochila
El secreto para comenzar bien un camino está en saber qué llevar en la mochila... o mejor dicho, qué dejar atrás. El equipaje inteligente transforma toda tu experiencia de trekking.
A Piedi Per Il Mondo

En este artículo
Para un viaje a pie, los expertos recomiendan llevar solo lo estrictamente necesario, incluso corriendo el riesgo de que falte algo, antes que llenarlo con todo aquello que “podría eventualmente servir”.
Una mochila demasiado pesada, de hecho, además de ser incómoda y voluminosa, a menudo limita el placer y el sentido del viaje mismo. En la preparación, por lo tanto, sería mejor seguir el criterio de elegir pocos objetos y lo más ligeros posible.
A pesar de estos valiosos consejos, en realidad, sucede frecuentemente que la mayoría de nosotros, al comenzar nuestra experiencia caminando, salimos de casa con una gran carga en los hombros e infinitas dudas:
- “¿habré traído todo?
- ¿qué me podría ser útil?
- ¿y si luego sucede que...?”
Prestar atención al contenido de la mochila, de hecho, es fundamental para quienes deciden moverse a pie, pero a veces se sobrevalorar su importancia. Con el paso del tiempo, de hecho, nos damos cuenta de que muchas cosas no son tan indispensables, que se puede seguir adelante con mucho menos.
¿No sabes qué mochila usar para tu viaje a pie? Lee el artículo
Nuestro equipaje cotidiano

Abandonar o eliminar objetos que nos pertenecen, sin embargo, no siempre es fácil e inmediato. Cuando estamos inmersos en los preparativos, desde el momento de las primeras compras, o incluso en mitad de un recorrido ya iniciado, lo que realmente nos guía en las decisiones son nuestros hábitos, nuestras convicciones y la forma en que entendemos la vida.
Seleccionamos cuidadosamente todo aquello que puede satisfacer y responder a nuestras necesidades cotidianas, añadiendo luego lo que podría sernos útil en cualquier posible circunstancia.
Más o menos inconscientemente, junto al champú o al saco de dormir, insertamos también nuestros esquemas mentales, los modelos educativos, los comportamientos que generalmente ponemos en práctica para vivir y relacionarnos con los demás y, por lo tanto, también para defendernos y protegernos, sin pensar si es realmente necesario llevarlos con nosotros.
Desde las necesidades más simples, como la necesidad de maquillarse, dormir sin demasiado ruido o comer a horas regulares, hasta cuestiones más significativas, como tener todo bajo control, sufrir de vértigo o la falta de puntos de referencia.
Decidir dejar algo, en muchos casos, significa pedirle a nosotros mismos que apartemos también todo lo que está asociado a ello: experiencias, emociones, pensamientos, sensaciones, miedos que constituyen, de hecho, el equipaje personal simbólico que nos acompaña en nuestro viaje cotidiano.
Un equipaje que, aunque a veces nos fatiga, mantenemos constantemente en los hombros porque,
a pesar de todo, nos tranquiliza.
Acoger lo inesperado

Deberíamos, en cambio, tratar de seguir el consejo y tomar solo lo que es realmente indispensable, sin miedo a encontrarnos desprevenidos. Deberíamos intentar eliminar, vaciar, quitar.
Aceptar que, probablemente, muchas de las cosas que llevamos con nosotros son viejas y desgastadas, ya no nos sirven, no nos ayudan, incluso quizá nos obstaculizan: hábitos, manías, prejuicios, recuerdos...
Deberíamos confiar en nuestros recursos interiores innatos, en la capacidad de adaptación, en el coraje y la esperanza, en la curiosidad, en la amabilidad y dejar tranquilamente en casa el resto, con la certeza de que, gracias a estos, seremos capaces de enfrentar cualquier cosa.
Al fin y al cabo, lo inesperado forma parte de cada camino y, precisamente porque no es predecible, siempre nos encontraremos en la situación en la que no tendremos esa única cosa que nos habría sido útil pero en la que no habíamos pensado.
¿Por qué no aprovechar la ocasión para abandonar los pesos, hacer espacio, modificar lo que ya no funciona, para cambiar, descubrir que se puede ser diferente, para encontrar nuevas formas de enfrentar la vida, para maravillarse y llegar quizá a preparar el próximo viaje preguntándose con entusiasmo “¿habré dejado todo?”.
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