Caminar entre árboles: oxígeno para el alma
Caminar entre árboles significa escuchar su voz silenciosa, percibir la conexión sagrada entre tierra y cielo, recibir un mensaje de luz para nuestra alma. Descubre cómo los caminos forestales transforman tu peregrinación.
A Piedi Per Il Mondo

En este artículo
Desde las antiguas civilizaciones prehistóricas hasta las culturas modernas, los árboles han representado siempre un importante símbolo sagrado, elemento fundamental de conexión entre las profundidades de la tierra y el infinito del cielo, entre el mundo material y el espiritual.
El vínculo que tienen con el ser humano es sin duda uno de los más fuertes y ancestrales; probablemente porque son entre los seres vivientes más antiguos del planeta, crecen en todas partes y acompañan la historia de la humanidad desde sus inicios. No creo que sea una coincidencia que el paso del tiempo esté bien representado por los anillos concéntricos que se observan dentro de los troncos cuando son cortados: testimonia que su presencia nos ha permitido vivir y sobrevivir hasta hoy.
Gracias a los árboles, a lo largo de los siglos, hemos tenido protección y refugio, alimento y madera, pero también una influencia positiva en nuestra dimensión más sutil. Por esto, en las diversas culturas y tradiciones, han asumido importantes y variados significados en cuanto expresión de la Vida, del Conocimiento, de la Sabiduría, del Poder, del Cosmos o de las Divinidades.
Conexión entre cielo y tierra
Caminar entre los árboles nos permite extraer de ellos la inspiración para nuestro camino de crecimiento y evolución: una semilla que, bien plantada en el terreno, puede germinar y convertirse en grande, manifestando y expresando su esencia en cada dirección.
Manteniendo un equilibrio perfecto, saben soltar lo que ya no sirve, dejando caer las hojas cuando llega el otoño, se ponen a descansar para recuperar energía y luego vuelven a florecer en primavera para permitir que los frutos exploten con toda su vitalidad. En un ritual cíclico, continuamente mueren y renacen, nutriéndose de la Madre Tierra para crecer exuberantes y renovarse.
Representan la vida y su movimiento constante, la transformación y el cambio, nuestra necesidad de certezas y esperanzas: a través del enraizamiento percibimos estabilidad y seguridad, mientras que la ligereza de las ramas nos hace sentir libres de movernos y crear.
Mensajes para el alma
Los árboles tienen beneficios en nuestro organismo, gracias al proceso de la fotosíntesis clorofílica, pero son también mensajeros para nuestra alma.
Su energía es tan potente porque es vehiculizada tanto por el oxígeno, que ayuda a armonizar nuestros procesos vitales y la esfera psíquica y emocional, como por su profunda conexión con los tres niveles del ser humano y del universo: el subterráneo, el de la superficie y el superior.
Cada vez que, durante tu camino, sientas cansancio, desorientación o vacilación, intenta acercarte a un árbol y escuchar su voz: puedes abrazarlo, como aconseja la silvoterapia, o sentarte a sus pies, apoyando la espalda en el tronco y colocando la mano derecha sobre el corazón o en cualquier parte que sientas que necesita ayuda. Encontrarás alivio inmediatamente.
Según muchas culturas, cada árbol tiene un propósito particular, no solo para nuestro sustento, sino también a favor de nuestro espíritu: estando junto a una encina podrías sentir un mensaje de fuerza y poder, mientras que del avellano serás invitado a la meditación e introspección, frente a un sauce podrías tener una inspiración poética, mientras que el espino blanco hablará a tu niño interior y el fresno te desearà un nuevo comienzo.
No hay duda de que caminar entre los árboles, en la naturaleza, sea una experiencia útil para nuestro bienestar, pero prestando atención a la voz silenciosa de los árboles puede convertirse realmente en mágica.
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